¿Quieres cambiar tu vida? ¡Cambia tu nombre!

¿Quieres cambiar tu vida? ¡Cambia tu nombre!

Realizar un sutil ajuste o un cambio radical de nombre por medio de procedimientos numerológicos, puede modificar sustancialmente la conducta de una persona e influir favorablemente sobre los sucesos que su actitud genere, dotándola con características más afines a su proceso evolutivo y activando experiencias que podrían cambiar el rumbo de su vida.

Si no me crees, pregunta a cualquiera que haya modificado su nombre o su apellido y comprobarás que la vida de esa persona tomó otro rumbo a partir de esa decisión.

El poder de tu nombre

Como se dijo con anterioridad, el conjunto de nombres y apellidos que un individuo usa al presentarse inciden sobre la exteriorización de sus rasgos, pues las letras presentes codifican la manera en que se manifiestan sus modelos conductuales.

De hecho, cuando pronuncias tu nombre, estás proyectamdo una frecuencia que te describe, influye en lo externo y regresa hacia ti como un boomerang, trayéndote de vuelta las consecuencias de tu acción conductual.

Debido a ello, el uso adecuado de un nombre puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso, reafirmando tu potencial individual o afectando tu calidad de vida.

Eres como eres… porque así te llamas

Como te expliqué con anterioridad, la combinación de los nombres y apellidos que usas, caracteriza tus modelos conductuales y por eso, “eres como eres”.

Si tuvieras otro nombre u otro apellido, ya no serías “aquel u aquella”: serías otra persona.

Así mismo, tus nombres también activan el surgimiento de acontecimientos repetitivos en tu vida. Estos sucesos son consecuencias de tu manera de ser: por ejemplo, una persona con un modelo conductual controlador, activaría reiteradamente enfrentamientos con personas que rechacen ser controladas.

Además de las razones personales, familiares o sociales que motivarían un cambio de nombre, es muy común que personas deseosas de convertirse en figuras públicas (artistas, deportistas, periodistas, políticos, empresarios, youtubers o influencers, por ejemplo), valoren cambiar su identidad para potenciar sus carreras.

De hecho, hay una gran cantidad de personajes del mundo del espectáculo que han cosechado éxitos a lo largo de sus trayectorias a partir de un cambio de nombre, pues dicha modificación les facilitó alcanzar los objetivos que estaban en sincronía con su Misión de Vida.

Aquí reseño algunos:

Demi Moore = Demetria Gene Guynes
Nicolas Cage = Nicolas Kim Coppola
Natalie Portman = Neta-Lee Hershlag
Charlie Sheen = Carlos Irwin Estévez
Woody Allen = Allan Stewart Konigsberg
Nicki Minaj = Onika Tanya Maraj

Elton John = Reginald Kenneth Dwight
Jodie Foster = Alicia Christian Foster
Dakota Fanning = Hannah Fanning
Vin Diesel = Mark Sinclair Vincent
Jackie Chang = Chan Kong-Sang
Joaquín Phoenix = Joaquín Rafael Bottom

Jennifer Aniston = Jennifer Joanna Linn Anastassakis
Lady Gaga = Stefani Joanne Angelina Germanotta
Miley Cyrus = Destiny Hope Cyrus
Jamie Foxx = Eric Bishop
Pitbull = Armando Christian Pérez
Helen Mirren = Ilyenia Lydia Minoroff

Ejerciendo el libre albedrío

Todo aquello que nos sucede forma parte de un plan magistral que se origina de nuestros datos natales y se convierte en el resultado directo de las influencias que la fecha de nacimiento y los nombres causan sobre los modelos conductuales.

En efecto, nuestros deseos y acciones suelen activar mecanismos sincrónicos de respuesta: al final siempre cosechamos las secuelas de nuestros actos a través de una interminable secuencia de causas y efectos.

Cambia tu nombre y ejerce tu libre albedrio
Foto por wallpaperflare.com

Esto implica que los códigos numerológicos asociados a los datos natales de una persona caracterizan “el tipo de realidad” que ese ser humano experimentará, es decir, las tendencias existenciales con las que deberá convivir.

La mayoría de las personas opina que es imposible ejercer control sobre la vida, donde todo parece suceder de una manera aleatoria e impredecible: éxito para pocos y desdicha para muchos.

Hay una minoría, en cambio, que piensa que el ser humano posee un libre albedrío capaz de torcer cualquier designio, si fuera capaz de proponérselo.

¿Qué papel juega el libre albedrío?

El libre albedrío representa el factor a través el cual el individuo decide como encarar la realidad que le toca vivir o como acometer el aprendizaje que le toca enfrentar.

Por ejemplo, si tu aprendizaje evolutivo equivale a iniciar una carrera universitaria que dura 5 años, es imposible que puedas cambiar el pensum de la carrera a tu antojo. Sin embargo, tu libre albedrío te hará escoger la manera en que la cursarás: estudiando de día y trabajando de noche; estudiando de noche y trabajando de día; cursando 3 materias por semestre en vez de 6; faltando a clase seguido o siendo un estudiante modelo; enfrentándote a tus profesores o estableciendo una cordial relación con ellos, etc.

Al final, el ejercicio de tu libre albedrío determinará la calidad de los resultados que podrías alcanzar dentro de un programa que no puedes modificar.

Por tanto, tu libre albedrío es el factor que te permite decidir cuando, donde y como buscarás atajos para sortear obstáculos en el camino marcado a partir de tu fecha de nacimiento.

Es evidente que no puedes cambiar tu fecha de nacimiento, pero sí puedes cambiar (legal o informalmente) tu identidad, ¿verdad?

En otras palabras, si fuera necesario, ejerce el libre albedrío en tu vida y cambia el diseño de tu vehículo para adaptarlo a las características de tu camino.

¿Cómo saber cuándo es necesario cambiar tu nombre?

En virtud de la inevitable evolución a lo largo de su vida, el ser humano puede llegar a sentirse incómodo con sus nombres originales o inferir que estos no colaboran adecuadamente con su propósito de vida.

Veamos algunas de las razones…

Cuando es necesario cambiar tu nombre
Foto por wallpaperflare.com

En ámbitos familiares de ascendencia hispana, es tradicional poner al hijo el mismo nombre del padre, sin estar conscientes de que esto suele propiciar enfrentamientos entre padre e hijo o que el hijo enfrente experiencias similares a las vividas por el padre, incluso (en dependencia de su Destino) hasta más conflictivas.

En el caso de mujeres casadas, la adopción del apellido del esposo podría significar la pérdida de la identidad personal, la vivencia de experiencias derivadas del uso del apellido marital o por el contrario, el estrechamiento de los lazos afectivos con el esposo o con la familia del cónyuge. Si la mujer percibe que su personalidad pudo haber cambiado significativamente después de la adopción del apellido marital, es conveniente analizar las posibles consecuencias.

La creación de un nombre o identidad para fines artísticos, literarios, publicitarios o para Internet y las redes sociales, podría involucrar aspectos que tendrían que ver con la creación de una identidad que funcione como una marca personal o un producto comercial.

En el ámbito personal, un cambio de nombre sólo se justifica cuando la identidad es conflictiva con el aprendizaje evolutivo, ya que el nombre debe armonizar con el Destino de la persona y estar razonablemente balanceado. Además, los dígitos del nombre también contienen la historia de la persona y si no se tiene cuidado, alguien poco preparado podría colocar allí algún código potencial que cambiara su historia y obstaculizara su vida.

Es bueno añadir que un cambio de nombre debería estar plenamente justificado y de ser posible, canalizado a nivel espiritual para no interferir con el proceso evolutivo de la persona.

¿Cuáles son las posibles opciones?

En principio, es aconsejable realizar un estudio numerológico con el fin de analizar todas las implicaciones del caso y determinar si las características conductuales del individuo armonizan con su Destino o Misión de Vida. De no serlo, el numerólogo profesional podría suministrar varias opciones al consultante.

  • Si el caso específico lo permite, la manera más simple de realizar un cambio de identidad es sustituir o intercalar en el nombre que usa la persona, una (o más de una) letra que no afecte la pronunciación del mismo. Con este procedimiento se podría lograr un cambio muy sutil, donde la ventaja primordial consistiría en mantener la misma sensación de identidad para su portador. Ejemplo: Gabi – Gaby / Ana – Anna.
  • Si el consultante hubiese sido registrado con más de un nombre y/o más de un apellido, podría existir la posibilidad de formar la mejor combinación posible entre ellos. Esta opción no sería tan traumática para el consultante, puesto que no implicaría adoptar una nueva identidad, ya que el numerólogo estaría trabajando con los elementos originales que la persona posee desde su nacimiento. Ejemplo: si el consultante se llamara “Pedro Luís Díaz Pérez” y se presentara como “Pedro Díaz”, la nueva combinación podría ser “Luís Pérez”.
  • La otra opción consistiría en buscar un nuevo nombre que armonizara con el apellido y la fecha de nacimiento de la persona (en caso que la persona deseara preservar el apellido en virtud de su importancia como símbolo de herencia ancestral).

¿En realidad funciona eso de cambiarse el nombre?

El cambio solo funciona si la persona asume de lleno su nueva identidad y su entorno también acepta que la persona “es otra”, pues un cambio de nombre implica transformaciones internas y externas.

Un cambio de nombre no es un proceso milagroso. Funcionará al cabo del tiempo en que la persona tarde en asumir plenamente la nueva identidad y transforme su ser, al punto en que ya no reaccione cuando le llamen por el nombre anterior.

Exito despues de un cambio de nombre
Foto por wallpaperflare.com

Por ende, ajustar los nombres de una persona consiste en diseñar una personalidad exitosa, desprovista de códigos defectuosos o poco productivos y enfocada en armonizarla con su Destino y las tendencias cíclicas que estén programadas.

A modo de ejemplo, el ajuste conductual que propongo equivale a acondicionar un coche para que pueda recorrer un camino con condiciones adversas que requieran equiparlo con “esteroides” (ruedas más anchas, amortiguadores reforzados, luces más potentes, etc.)

¿Es conveniente cambiar la firma personal?

La firma personal reviste extrema importancia, puesto que compromete al individuo en el acto que su rúbrica avale.

Por ello, el cambio de firma es una estrategia práctica que podría ayudar al individuo a mejorar la forma en que se comunica por escrito con los demás.

Al tratar el tema del cambio de nombre, es inevitable que surjan interrogantes sobre el uso de la firma personal.

Cambio tu firma personal
Foto por wallpaperflare.com

Al margen de la interpretación grafológica que pueda surgir del análisis de la firma de una persona, la forma de colocar sus nombres por escrito está vinculada a las características numerológicas de la personalidad, puesto que la firma también está conformada por una cantidad de letras que vibran a una determinada frecuencia.

La firma, al igual que el nombre, posee un código oculto que produce ciertos efectos sobre su dueño y el destinatario del documento que la contenga, impregnándolo con características asociadas a dicho código.

Los efectos que pueden producirse a partir de la manera de firmar (no del grafismo, sino de las letras que integren la firma) son diferentes a los ocasionados por las vibraciones sonoras de la palabra vocalizada. De hecho, la firma actúa en el campo de la escritura (sobre cualquier documento de índole personal, legal, institucional, laboral, bancaria, etc.).

La mayoría de los seres humanos empiezan a diseñar su firma durante la adolescencia y muchos mantienen esos trazos aún después que han madurado. Por consiguiente, es normal que en la vida adulta el individuo se sienta incómodo con su manera de firmar y considere cambiarla.

Como numerólogo, he asesorado a varias personas en esta materia y he podido constatar que un fundamentado cambio de firma contribuye al alcance de los nuevos objetivos que se hayan diseñado.

Ahora, si tú eres alguien que no suele firmar a menudo documentos, papeles o cheques (¿quién firma cheques hoy día si todo se resuelve a través de Internet?), no necesitas ocuparte de este tema.

¿Qué hay de mis nombres en una tarjeta de presentación?

Así como analizamos numerológicamente el adecuado uso de los nombres y la manera de firmar, estudiaremos su colocación en las tarjetas de presentación.

Mi consejo es que los nombres impresos en una tarjeta de presentación sean exactamente los mismos que la persona suele usar o que estos reflejen la manera como esta se presenta ante los demás.

Los nombres en tu tarjeta de presentacion
Foto por wallpaperflare.com

Por ende, desaconsejo firmemente que se coloquen iniciales intermedias que evoquen la existencia de un nombre o un apellido que no se suele usar y que confundan la lectura e interpretación de la identidad.

Seamos objetivos: aunque hayas colocado en tu tarjeta de visita “Pablo M. Díaz G.”, es evidente que te presentas como “Pablo Díaz”, nunca dirías “me llamo Pablo Eme Díaz Ge” y nadie te llamaría de esa manera.

Si tuvieras un segundo nombre que no usas por razones personales (no te gusta, es peyorativo o te recuerda un nexo familiar incómodo), ¿por qué colocar la inicial de ese nombre y exponerte a que el curioso de turno te pregunte qué significa esa inicial? ¿Por qué facilitar la explicación de un tema que a lo mejor te abochorna?

Si la “M.” del ejemplo anterior ocultara el nombre “Mefistófeles”, ¿cómo te sentirías relatando que papi y mami te pusieron ese segundo nombre en honor a Satanás?

En conclusión, sugiero escoger la mejor manera de presentación y conservar la misma identidad en todos los ámbitos de vida, pues al usar diferentes versiones de nuestra identidad, podríamos arriesgarnos a que la inherente dualidad nos obstaculice.

Mario Liani

Foto por Stergo en Pixabay.com

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