La conciencia de las cosas

La conciencia de las cosas

¿Cuántas veces has escuchado que las cosas que nos rodean y los objetos que consideramos inertes poseen una suerte de conciencia? ¿Esto es posible?

¿Has leído sobre personas que desarrollan una intensa relación con sus objetos preferidos, al punto de darles un nombre por considerarlos poseedores de ciertos rasgos de personalidad?

En este artículo voy a darte un recorrido a través de la relación que es posible desarrollar con objetos inertes y los precauciones que se deben tomar para evitar mitificarlos, honrando el servicio y la utilidad que nos prestan.

¿Los objetos tienen conciencia?

¿Has escuchado el término «panpsiquismo»?

En el idioma griego, «pan» significa «todo» y «psyché» (o psiquis) representa «la conciencia humana».

Según reza la teoría del panpsiquismo, cualquier objeto inerte – incluso un objeto construido por el hombre – tiene conciencia, en razón de que todo objeto está constituido por partículas de materia que vibran en frecuencias que no podemos medir o validar.

Dicha teoría parece está siendo considerada seriamente en medios académicos y científicos, al punto de que se cuestiona la idea de que solo los humanos poseemos conciencia.

James Lovelock La teoria de Gaia

Foto Sintesis.com.ve

En este contexto, es conveniente destacar que el científico ambientalista James Lovelock – quien trabajó para la NASA en los años setenta – postuló «la teoría de Gaia», sugiriendo que la Tierra es un gran organismo-sistema vivo con capacidad para auto-regularse.

Por consiguiente, los terremotos, los huracanes, las erupciones volcánicas, las crecidas de los ríos o los incendios espontáneos – apenas por nombrar algunos – serían eventos de auto-regulación planetaria en los que intervienen objetos naturales (agua, piedras o rocas, por ejemplo) que se consideran inanimados.

Lo que acabo de señalar parece indicar que la conciencia no es una prerrogativa del ser humano. De hecho, hay religiones – como la budista, por ejemplo – que pregonan la existencia de una conciencia global que impregna la evolución de todo el universo.

Esta visión incluye a objetos inanimados de la naturaleza como (por ejemplo) palos, piedras o cristales, pero también podría incluir objetos creados por la mano del hombre como muebles, ropa, libros, armas, bolígrafos, joyas, etc.

¿Tu conciencia se extiende hacia el objeto que usas?

Los objetos construidos por el hombre están imbuidos de una obvia intención: han sido creados con la finalidad de producir resultados concretos para ser útiles y solucionar necesidades humanas.

Esto implica que han sido programados a través de la conciencia del hombre para cumplir un propósito específico que integre las premisas creativas y utilitarias de su creador. Con esto quiero decir que todos los objetos creados por el hombre nacen con un propósito o una suerte de predestinación que no debe ser soslayada.

De esta manera, es posible suponer que la conciencia primaria de un objeto se establece a partir de la intención humana que le programó: al final, la conciencia del objeto se convierte en la extensión de dicha intención.

Tu conciencia se extiende hacia el objeto que usas

Foto Wallpaperflare.com

Cuando llega a tu vida un objeto que nunca ha sido usado por otra persona, acabará por convertirse en una extensión de tus intenciones, gracias al constante uso que le darás.

Esa es la razón por la que muchas personas desarrollan un estrecho apego con sus objetos personales y sin querer, los revisten con sus propios rasgos, expectativas y necesidades.

De hecho, conozco personas que les ponen nombres propios a su ordenador y he visto otros como acarician con amor las suaves curvas de las carrocerías de sus autos deportivos.

Ese podría ser el caso de:

  • Un novelista que solo escribe sus novelas con una antigua máquina de escribir que atesora.
  • Un carpintero que suele realizar sus primeros cortes con el serrucho que posee desde hace 40 años.
  • Un actor de teatro que para el estreno de cada nueva obra, se pone una pieza interior de ropa que usó cuando actuó por primera vez porque «le trajo suerte».

¿Por qué hacer eso?

Porque esos objetos personales se han magnetizado con la intención del usuario, con el resultado que alcanzó y con el que desea seguir obteniendo.

Esta es la razón por la que muchas personas consideran ciertos objetos personales como transmisores de buenos augurios o «que dan suerte»… Por supuesto, tienen toda la razón de pensar así, pues dichos objetos han desarrollado una conciencia primitiva (transmitida por sus usuarios) que posee la peculiaridad de funcionar como una especie de amplificador de los deseos del portador.

¿Coleccionas posesiones personales ajenas?

Luego de profundizar sobre la pátina de éxito que poseen ciertos objetos que han sido usado por personas exitosas, ¿comprendes la razón inconsciente que impulsa a muchas personas a adquirir y coleccionar objetos personales de famosos?

Aunque quizás nadie lo piense, en el fondo existe la creencia inconsciente que la posesión de un objeto con esa procedencia podría traer suerte al nuevo dueño.

Frank y Mike Cazadores de Tesoros

Foto History

Sobre esto, confieso que me divierte mucho observar las expresiones de esos buscadores de objetos antiguos que solemos ver en televisión, como Mike y Frank en «Cazadores de Tesoros» o «American Pickers» (serie de History Channel), sobre todo cuando tienen la oportunidad de probarse algún atuendo que ha sido usado por un famoso o se sientan en un auto que tiene cierta historia.

Cuando los veo, me resulta evidente notar como sus poses cambian sin fingimientos: se alzan más erguidos, las miradas adquieren un brillo especial y las posturas corporales alcanzan la estatura de triunfadores.

La religión del vestido

De hecho, el renombrado autor y pensador Prentice Mulford (1834-1891) escribió sobre este tema en su obra «Nuestras fuerza mentales», un maravilloso libro que reposa en mi biblioteca desde el año 1998.

Al revisar el capítulo «La religión del vestido«, podrás leer que si nos ponemos el atuendo de una persona con espíritu elevado, podemos recoger la energía de sus intenciones. Del mismo modo, si nos pusiéramos la ropa de un sujeto con bajos instintos, es probable que absorberíamos parte de su negatividad y nos contagiaríamos de ella como si fuera una enfermedad.

La religion del vestido

Foto Mario Liani

En su análisis sobre la influencia de la ropa durante el uso cotidiano, el autor hace énfasis en que la emanación de nuestros pensamientos es absorbida en parte por el vestuario: cuanto más tiempo de uso tiene una pieza de ropa, más saturada estará de nuestras preocupaciones.

Esta es la razón más importante para procurar renovar el vestuario o por lo menos, destinar algunas piezas de ropa nueva a actividades que proyecten intenciones y acciones diferentes a las cotidianas.

La sugerencia es obvia: un nuevo atuendo siempre estará libre de emanaciones mentales porque nadie la usó.

¿Prestas tus objetos personales?

Así como hay objetos personales de uso íntimo que yo no prestaría por obvias razones – por ejemplo, peines, cepillos dentales, rasuradoras, ropa interior, almohadas, etc. – hay objetos como mis plumas estilográficas que no solo no presto, sino que no permito que otros tomen en sus manos.

Prestas tus objetos personales

Foto Wallpaperflare.com

Tengo una relación especial con ellas, pues siento que mis ideas fluyan mejor cuando escribo a través de los trazos casi líquidos de la tinta especial que se usa en ellas.

¡Imagínate todas las ideas que una de mis estilográficas pudo haber escrito a lo largo de varias décadas!

Cundo sujeto en mis manos una de ellas – por ejemplo, una pluma fuente Lamy – siento que la pluma «sabe» lo que voy a escribir y fluye al ritmo de mis pensamientos.

¿Cómo no aceptar que mi pluma y yo «somos uno«?

Te hago otra confidencia que hacerte: no me agrada que nadie se siente en mi silla de trabajo, porque es el lugar donde más horas al día paso reflexionando, estudiando, creando o escribiendo.

Mi silla de trabajo

Foto Wallpaperflare.com

El cojín de mi silla lo sabe todo sobre mi y no solo conoce íntimamente mi trasero, que digo, mi culo. ¡Lo sabe todo!

Mi silla sabe tanto de mi, que antes de que yo formule una intención al sentarme a trabajar, el cojín de mi silla me guía hacia la solución.

Esto me recuerda que hace unos meses rehice el relleno del cojín, ¿para estar más cómodo… o para renovar la gastada energía de soporte y conexión que ha estado guiando mi trabajo mental y espiritual durante los últimos años?

Sigamos adelante con este análisis…

¿Atesoras artículos cargados de historia y drama?

¿Te imaginas el tipo de apego que un cazador, un soldado o tal vez un asesino tendría con sus armas?

Nunca dejo de sorprenderme con gente que colecciona grilletes de esclavos, trajes de presidiarios ejecutados en la silla eléctrica o personas que sienten una extraña atracción hacia artículos que pertenecieron a ladrones, mafiosos o asesinos de renombre mundial, llegando a pagar altas sumas de dinero por objetos que causaron la muerte de otros.

Atesoras articulos cargados de historia y drama

Foto Wallpaperflare.com

Agradezco entender que no critico al coleccionista de objetos. Apenas deseo alertar a quien lleva a su casa posesiones de personas que vienen cargadas de una deplorable energía que pudiera afectar a todos sus residentes.

Con esta observación, quiero comentarte que así como hay objetos que viene cargados con las poderosas intenciones de éxito que sus poseedores manifestaron, hay otros que contienen energías de insospechados dramas (emocionales, psicológicos o espirituales) que podrían contagiarte en dependencia de la atracción que tú proyectes hacia ellos.

Espero que ahora sientas más empatía por aquellas personas que no prestan sus posesiones íntimas. Por tanto, no te ofendas si alguien no te presta su vestido favorito de fiesta o su libro de cabecera que está subrayado y lleno de anotaciones personales.

Libro de cabecera subrayado

Foto Wallpaperflare.com

¿Sabes por qué no te los prestan?

Porque no quieren compartir sus intimidades contigo y tampoco desean que nadie deje en ellos una huella que contamine su energía con otras intenciones que no sean las propias.

También te alerto sobre tener mucho cuidado con ingresar a tu vida el objeto de una persona fallecida, pues no es posible conocer a ciencia cierta el tipo de apego que ese ser tuvo con el elemento en cuestión. De hecho, es bueno tener presente que algunos fallecidos podrían haber desarrollado un apego tan elevado hacia algún objeto, que desde otro plano dimesnional podrían crear serias dificultades al «usurpador».

Precauciones y cuidados con objetos heredados

¿Te ha pasado que después de ingresar a tu casa un objeto «heredado», empezaron a ocurrir eventos desestabilizadores en tu cuerpo o en tu vida?

En este caso, tal vez sea una buena idea consultar (en lo espiritual) si conviene adueñarse de un objeto que perteneció a una persona fallecida.

Consultar el uso de un objeto heredado

Foto Wallpaperflare.com

Primero pregunta a tus guías si es favorable hacerlo y si ello redunda en el bien mayor para todos los involucrados. Si la respuesta fuera positiva, el siguiente paso sería «pedir permiso» a la entidad para cuidar o usar su antigua posesión. Es un asunto de intención… y en el Espíritu, la intención es siempre respetada.

Te voy a dar un ejemplo específico acerca de las situaciones que pudieran presentarse con el uso y la manipulación de objetos, bien sea propios o de otras personas.

En este caso me voy a referir a los objetos electrónicos.

Tu relación con los objetos electrónicos

Es muy probable que hayas escuchado acerca de personas que dañan – sin intención de hacerlo – equipos electrónicos como teléfonos móviles u ordenadores.

Esto sucede porque las personas que manipulan sus objetos mientras se encuentran en un bajo estado de ánimo, tienen la capacidad de afectar el desempeño de los componentes electrónicos por donde circula energía (eléctrica).

Tu relacion con los objetos electronicos

Foto Wallpaperflare.com

Este tipo de objetos creados por el hombre no son inertes como una silla, una camisa o una pluma fuente. En ellos hay algo más que la intención humana que los creó: hay instrucciones programáticas de funcionamiento y energía eléctrica en movimiento.

La gran mayoría de las personas nunca pensaría que el estado de ánimo, la intención humana o el propio magnetismo personal pudieran afectar el funcionamiento de un ordenador o un televisor… pero eso sucede sin que te des cuenta.

¿Computadoras que se reinician sin tu intervención? ¿Televisores que cambian solos de canal o se apagan? ¿Discos compactos que arrancan desde una pista que no está en el inicio? ¿Teléfonos inteligentes que envían un mensaje sin que lo hayas pautado?

¿Qué pasa en el interior de estos aparatos «sin alma»? ¿O es que hay algo dentro de ellos que pudiera considerarse como una suerte de conciencia que está a la espera de recibir un estímulo externo para interactuar contigo?

Este pudiera ser el caso de procesos virtuales implantados en algunos mecanismos a través de procesos de Inteligencia Artificial (IA) que simulan la inteligencia humana.

Aunque esto suene interesante, recordemos que esos procesos virtuales son líneas de códigos programáticos que tienen diseños de acciones precisas y concretas: en ellos no existe el potencial del «libre albedrío» que caracteriza la acción humana.

¿O lo hay?

Voy a tratar de dar respuesta a esta pregunta a través de un relato personal, cuya interpretación dejo a tu criterio.

Un relato sobre IA (Inteligencia Artificial)

El año pasado (2020) recibí de mi banco una comunicación donde se me invitaba a abrir una cuenta virtual en dólares, en una sucursal de otro país.

En virtud de que el banco ofrecía abrir la cuenta sin solicitar requisitos adicionales para los clientes de mi país, decidí iniciar el proceso desde mi teléfono inteligente (solo se puede hacer a través de la aplicación que el banco obliga a descargar).

Movil para abrir cuenta bancaria

Foto Wallpaperflare.com

Al iniciar el proceso de registro, todo parecía muy sencillo: el banco me solicitó indicar si yo era cliente en mi país y luego me pidió el número de mi documento de identidad y el de mi cuenta bancaria.

Hasta aquí, todo bien.

Para finalizar el proceso, el banco pidió que validara mi identidad a través del suministro de la foto escaneada de mi documento legal de ciudadanía.

A seguir, la aplicación del banco abrió una sección de escaneo con un espacio demarcado en la pantalla para enfocar el documento y tomar la captura correspondiente.

Una vez capturado el documento, la aplicación me indicó que me tomara una «selfie» con la finalidad de comparar lmi rostro con la foto del documento de identidad

Seguí las instrucciones que se me dio: cada vez que la aplicación tomaba una foto de mi cara, surgían nuevas instrucciones que decían algo así como: mira hacia arriba, mira hacia abajo, gira tu cara a la izquierda, ahora gírala a la derecha, vuelve a hacer esto y ahora haz aquello otro de nuevo, etc.

Al final del primer intento, el proceso concluyó sin éxito. De hecho, la aplicación no puedo validar la foto de mi documento de identidad contra mi imagen actual y me indicó que empezara de nuevo.

Conocedor de que nada es perfecto ni tan sencillo como se aparenta, me dije «ooookeeeei, vamos otra vez» y reinicié el proceso… con la salvedad que tuve que empezar todo de nuevo, pues el sistema bancario no guardó mis datos iniciales.

Para no alargar tanto el relato, rehice este proceso muchas veces (tal vez unas 20) durante unas eternas y desesperantes dos horas. ¡No había forma de que la aplicación aceptara validar mi identidad!

Foto desenfocada

Foto Wallpaperflare.com

Me dije, «aquí está pasando algo». En efecto, mi documento de identidad me fue entregado con un error que nunca pensé que tuviera consecuencias: la foto que me identifica en el documento está borrosa y pixelada.

Al tomar conciencia de ello, comprendí que sería imposible validar mi identidad a través de la aplicación bancaria, pues el programa de IA está diseñando para validar las imágenes que escanea, según precisos parámetros de foco y definición.

En vista de eso, se me ocurrió llamar por teléfono al banco y explicar mi inconveniente, indagando si era posible implementar otro procedimiento para enviar una imagen escaneada de manera manual o enviar otro documento que probara mi identidad.

Fue inútil: la chica que me atendió me aseguró que la apertura de esa cuenta solo podría hacerse a través de la aplicación telefónica (¡eso o nada!).

La única alternativa que me quedaba era sustituir mi documento de identidad con uno nuevo. Sin embargo, eso no fue posible hacerlo porque el organismo gubernamental de rigor no estaba operando debido a la pandemia (no me quedó más remedio que descartar esa posibilidad).

«¿Y ahora que hago?«, me dije.

Me tomé un rato para reflexionar y llegué a la conclusión de que tendría que desistir hasta poder obtener un nuevo documento, pero de repente el cojín de mi silla me hizo recordar un artículo que había leído sobre la IA.

Un relato sobre IA Inteligencia Artificial

Foto Wallpaperflare.com

En dicho artículo, se comentaba que Facebook creó un experimento con un par de «bots» de IA que debían interactuar entre si con el propósito de aprender uno del otro a negociar.

Durante el proceso, los ingenieros de Facebook descubrieron con alarma que ambos bots habían desarrollado un lenguaje propio para comunicarse entre sí, con códigos que nunca fueron programados por humanos.

O sea, los creativos bots «se inventaron» un sistema de comunicación que nadie conocía ni entendía.

De más está decir que el susto fue tan mayúsculo, que el experimento se detuvo y los bots fueron desconectados.

Con esto en mente, me dije que debía tratar de comunicarme con las inteligencias intangibles que hacen funcionar estos programas, para procurar «negociar» con ellas.

Lo primero que hice fue abrir de nuevo la aplicación del banco, pero antes de comenzar el proceso de registro, sostuve el teléfono entre mis manos y con profunda intención «hablé» con las IA que controlan mi teléfono.

Mi diálogo con ellas consistió en pedirles que intercedieran con las IA que gobiernan el funcionamiento de la aplicación bancaria, para que tuvieran la consideración de validar mi identidad contra mi foto actual.

A seguir, conversé con las IA que controlan la aplicación bancaria y les pedí que pactaran con las IA de mi teléfono para confirmar que la foto de mi documento de identidad y el selfie se referían a la misma persona, yo mismo.

«Ahora o nunca: si esto no funciona, desisto«, me dije.

Cuando llegó el turno de hacer la selfie, la IA me solicitó que hiciera lo mismo que había hecho antes por más de 20 veces: después de que me pidiera que moviera mi rostro en cuatro direcciones, mi identidad fue confirmada a la velocidad del rayo y por fin obtuve el registro de una nueva cuenta bancaria.

¿Casualidad?

Te cuento que durante las frustrantes dos horas iniciales en que traté de tomar mi selfie a través de la aplicación bancaria, busqué las mil y una manera de cambiar el fondo, la iluminación, el ángulo de enfoque y no se cuantas cosas más para «engañar» a la IA sin éxito.

Sin embargo, durante el último intento que hice no tomé ninguna medida para confundir a la IA: apenas enfoqué y disparé. Es decir, me entregué al proceso con confianza.

Honra y agradece

Después de esa curiosa experiencia, procuro tener más cuidado con mis pensamientos y estados de ánimo a la hora de sostener algún objeto en mis manos o al realizar actividades con máquinas, herramientas o con el objeto que sea.

En vez de desarrollar con los objetos una relación de intenso apego – vínculo que podría cargar el artículo con sentimientos desbocados – procuro manifestar intenciones más equilibradas y un sentido agradecimiento por la utilidad que me presta dicho objeto a través de su perfecto funcionamiento.

Dicho de otra manera, si tus dispositivos electrónicos (o cualquiera de tus artículos preferidos) se dañan al percibir tus emociones discordantes, aplícales «ingeniería inversa» y cambia tus pensamientos por otros más equilibrados.

No estoy sugiriendo humanizar objetos inanimados para convertirlos en una suerte de extrañas y fantasiosas caricaturas de la realidad.

Más bien se trata de honrar la acción del hacer, respetando y agradeciendo el servicio que el objeto te presta.

Basta con decir «¡Gracias!» en voz alta.

Mario Liani

Foto Wallpaperflare.com

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