Las cualidades espirituales del perdón

Los atributos espirituales del perdon · Mario Liani

En el plano espiritual no existen las ofensas, pero en el humano sí, pues a veces nos toca ser víctimas y en otras oportunidades, victimarios.

¿Perdonas para sentirte en paz contigo mismo? ¿Lo haces de corazón? ¿O más bien no ejerces el perdón con quienes crees que no se lo merecen?

¡Exploremos juntos todas las alternativas!

¿El perdón nos libera del rencor?

En fecha reciente compartí en nuestro grupo de Facebook, un artículo (de otra fuente) relacionado con el espinoso tema del perdón, donde se calificaba el acto de perdonar como «una trampa de la Nueva Era».

Al respecto, recibí un acertado comentario que me hizo reflexionar sobre el tema.

Éste es el texto que L. me envió…

Querido Mario

Siempre leo con agrado tus mensajes. Hoy me mueve a responderte el artículo que publicaste sobre el tema del perdón.

¿Cómo, siendo almas magníficas – pedazos de Dios en la Tierra – nos sentimos tan carentes de poder y creemos que somos víctimas de algo o de alguien?

Si necesitamos perdonar, es porque hemos sido agredidos o perjudicados. Pero ¿quién puede afectarnos sin nuestro consentimiento? ¿Quién podría herir al ser divino?

Todo lo que nos ocurre, lo hemos querido o permitido en los niveles elevados de nuestro propio ser. No somos víctimas inermes del mundo o de los hombres.

Quienes nos hacen las aparentes ofensas, muchas veces son almas que han elegido jugar papeles oscuros por una necesidad evolutiva. Así nos ayudan, produciendo la necesaria oposición que nos fortalece y nos impulsa.

Esta es la creencia de la Nueva Era: el tema no es perdonar o no, sino que el perdón no se requiere cuando no hay ofensa. Si a veces hablamos de perdón, es para liberar el alma del que aún no comprende como procesarlo y necesita quitarse el lastre agobiante del rencor.

Gracias por todo el excelente material que viene de ti.

El perdón es una de las cláusulas del contrato de tu alma

Esta es la respuesta que le suministré a L.

Querido L.

Gracias por la oportunidad que me das para reflexionar sobre el tema del perdón y lo que se relaciona con el artículo que divulgué hace poco.

Estoy completamente de acuerdo contigo en la premisa de que los contratos de almas que hemos asumido con otros seres que conforman nuestra “familia espiritual”, están diseñados para generar situaciones que conlleven a la sanación de aspectos que arrastramos durante nuestro proceso de crecimiento evolutivo, de foma que sean enfrentados y posteriormente transmutados en beneficio del progreso global.

Dentro de ese marco evolutivo – que es una especie de Plan Maestro que suscribimos con nosotros mismos y con el colectivo – el plan está esbozado en líneas generales, pero cada uno de esos aspectos está estructurado en múltiples variantes que dependen de cada elección que hagamos.

Si llegáramos a una suerte de bifurcación espiritual, tendríamos la posibilidad de escoger una de las vías que están a nuestra disposición para continuar el viaje evolutivo.

Cada vía tendría un diseño con sus propias implicaciones, donde sería posible que usáramos un cierto espíritu de improvisación y adaptación para aprender a recorrer ese desconocido trecho de camino.

Sin embargo, a partir del momento en que pisemos esa nueva senda, empezarán a ocurrir situaciones que – bajo nuestra óptica humana – no estaríamos esperando. Esos eventos podrían maravillarnos, pero también podrían asustarnos y obligarnos a tomar acciones que generarían la inevitable mecánica del «dar y recibir».

El perdón humano y el perdón espiritual

Como almas, somos magníficas piezas de la Creación. Sin embargo, vestidos de carne, nos convertimos en «el experimento» que consentimos realizar con nosotros mismos, con todas sus implicaciones que ello conlleva.

El perdón, desde ese punto de vista espiritual, nos puede resultar un tema abstracto e incompresible porque en el plano espiritual no hay ofensas…

Pero el concepto del perdón, desde el punto de vista humano, es otra cosa.

Si alguien nos produce dolor – y por consiguiente nos sentimos víctimas – tenemos la opción de perdonar o no hacerlo.

Víctimas y victimarios dicen estar siempre
“del lado correcto de la historia”

 

Victimas y victimarios del perdon
Foto por Wallpaperflare.com

El sentido de victimización humano es la principal premisa de como el mundo ha estado funcionando.

De hecho, la humanidad suele estar dividida entre «buenos y malos».

Si alguien nos hace daño (o eso pensamos), nos convertimos en víctimas. Pero si salimos a defendernos o a vengarnos del mal que nos hicieron, asumimos el rol de «victimarios», porque nuestro proceder a su vez causará «víctimas».

Desde el punto de la masa crítica, es casi imposible sustraerse a ese esquema.

Mira a tu alrededor y lo verás: hebreos y palestinos, capitalistas y comunistas, demócratas y dictadores, blancos y negros, católicos e islámicos y un largo etcétera.

En función de ello, cada de una de las partes enfrentadas suele pensar que tiene la razón y que está «del lado correcto de la historia».

¡Vaya frase más absurda!

Que yo sepa, la historia es el relato cronológico de lo que sucede en el mundo, pero si hablamos de la historia interpretada según las creencias de cada bando, ya no estamos hablando de una cronología de eventos.

Eso significa que cuando la contraparte a la que nos enfrentamos esgrime su postura y esta nos hiere (de la forma que sea), sentimos que nos convertimos en víctimas que tienen el potencial de perdonar.

  • Algunas veces, perdonamos para dar la oportunidad a la otra parte de redimirse con nosotros: quizás este sea un acto de ego.
  • Otras veces, perdonamos para sentirnos en paz con nosotros mismos.
  • Tal vez perdonamos para evitarnos el desgaste de seguir acarreando la carga del enfrentamiento.
  • En algunas oportunidades, el acto de perdonar es directo, cara a cara.
  • Otras, proviene desde el corazón, en pura intención. En ese caso no hay necesidad de perdonar «cara a cara» a la otra parte.

Hay otro tipo de perdón que está siendo promulgado por la ancestral técnica hawaiana del “Hooponopono”. Hay que pedir perdón a la Divinidad por todo aquello que de manera inconsciente hayamos hecho y que haya podido afectar a otros, aunque no tengamos consciencia de ser responsables.

Es más, tenemos que pedir perdón por lo que hicieon nuestros ancestros… ¡y hasta por lo que nuestros descendientes harán!

Según el Hooponopono, somos victimarios inconscientes desde el inicio de los tiempos…

¡Uf! ¡Qué responsabilidad!

A veces, es mejor no saber nada sobe estos temas y hacer lo que se deba, según sean las circunstancias y sus consecuencias.

En el juego de la dualidad se prohíbe “hacer juicios”

Desde el punto de vista evolutivo, las ofensas son «aparentes», pues forman parte del juego de la dualidad que consentimos desafiar. Como dice L., «¿quién puede perjudicar al ser divino?».

Al aceptar jugar dicho juego, admitimos un implícito: toda ofensa aflige y hay que aprender a lidiar con las consecuencias impredecibles que se podrían generar.

¿A quién no le duele si le pellizcan un brazo o su autoestima?

A menos que estemos conviviendo con un grupo de seres imperturbables, tenemos que enfrentar lidiar lo que nos afecte y aprender a manejar aquello que consideramos «ofensas».

El artículo que compartí en este contexto, desnuda ciertas creencias de la Nueva Era, donde se proclama que «para ser Espiritual» hay que vestirse de «bueno», «poner la otra mejilla» y aplicar el perdón, evitando todo juicio.

Es más, ¡está prohibido «enjuiciar»!

Me parece lamentable que esta Nueva Era haya transformado las palabras «opinar» y «calificar» en «enjuiciar» (que tiene un trasfondo legal), pues después de un juicio viene «la condena».

Esto es extraño, porque si una persona es razonable y sensata, se la califica de juiciosa.

Entonces, ¿tenemos juicio, pero no podemos aplicarlo?

¡Vaya! ¡Qué Nueva Era más contradictoria!

¿Hay que merecer el perdón?

 

Hay que merecer el perdon
Foto por Wallpaperflare.com

Para volvernos más espirituales, pareciera que estamos obligados a despojarnos de nuestros maravillosos rasgos humanos y negarlos ante nosotros y los demás.

Opino que el perdón es un poderoso atributo, pero también es un obsequio que nos damos y que podemos conceder a otras personas.

Si el perdón es un presente, ¿habría que merecerlo?

Todos hemos pasado por circunstancias donde sentimos que uno de nuestros victimarios se merecía el perdón, mientras que otro a lo mejor no.

Esto sugiere que no es necesario centrarnos en el aspecto extremo (perdonar), sino en su contraparte (no ejercer el perdón «porque sí»), pues si la Totalidad contiene todos los aspectos de la experiencia humana, sus polos opuestos también se incluyen.

Dentro de ese complejo camino evolutivo que venimos a transitar, quizás nos parezca necesario no perdonar a cierto victimario. Esta sería una suerte de estrategia evolutiva inconsciente que le forzaría a subsanar una acción no adecuada.

Desde ese punto de vista, la postura de «no perdonar» se transformaría en el aliciente que esa persona requiera para sanar sus procesos.

Al decidir mantener una postura emanada de nuestro Ser Interno – y no desde las creencias sociales – nos convertiremos en catalizadores de su evolución espiritual.

Perdonar es una elección personal

Esto del perdón es un tema muy complejo, porque involucra posturas íntimas que no se desean esgrimir.

En mi opinión, nadie debería ser expuesto (o criticado) por no ejercen el perdón, pues enfrentamos la vida con nuestro propio instructivo humano, un «librito de cabecera», que al final se convierte en un guión evolutivo.

No es posible vivir la vida estando pendientes de quienes y de que nos critican.

Si nos sentimos responsables por nuestros actos, no habrá nada que nos genere mayor consuelo que ir a dormir con la consciencia tranquila, con la certeza de que estamos haciendo lo que nuestro Ser necesita.

  • En mi opinión, si aceptamos perdonar, estará bien.
  • Si escogimos no hacerlo, también lo estará.
  • Si decidimos pedir perdón, es porque nuestra consciencia lo requiere.
  • Y si no sentimos esa necesidad y ello nos hace dormir tranquilos, ¡maravilloso!

Al margen, opino que lo que podría ser relevante, es poner atención a aquello que nos afecte.

Si duele, es porque nuestra consciencia está incómoda. En ese caso, hay que hacer algo… y eso podría ser:

Haz lo que sientas que debas hacer, pero hazlo hasta que alcances tu propio concepto de paz interior.

Mario Liani

Foto portada por Wallpaperflare.com

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